El acto de aprender es universal, pero el cómo se aprende no lo es. De cultura a cultura, todo tipo de habilidades y técnicas, artes y oficios, han sido transmitidas mediante métodos y teorías específicas. Algo que también se aplica a la guerra, a los métodos de lucha y a las artes marciales.
Dentro de las Artes Marciales Tradicionales japonesas (Budo), el término Shuhari (守破離) se usa habitualmente para referirse al ideal de progreso que debe seguir un estudiante, o lo que es lo mismo, los pasos necesarios para alcanzar la maestría del arte. Este ocurre a través de tres etapas, para las que no hay atajos ni salvoconductos:
La primera etapa, SHU – también referida como Mamoru, proteger – consiste en abrazar el sistema tal cómo es y aceptar el statu quo, que incluye los roles dentro del dojo y la confianza en el liderazgo del sensei. Pero también en tomar la responsabilidad de preservar el legado y la integridad de la escuela.
La segunda etapa, HA – también referida como Yaburu, romper – consiste en traspasar los límites anteriormente impuestos, explorando las lecciones recibidas y desarrollando un estilo personal construido sobre las bases sólidas previamente adquiridas.
La etapa final, RI – también referida como Haneru, separar – consiste en alcanzar la maestría, rompiendo moldes externos y referencias. Se ha realizado un largo recorrido físico y metafísico desde los inicios y, si bien se ha madurado un estilo único y personal a este punto, éste está aún firmemente enraizado en las tradiciones aprendidas como novicio.
En contraste con los estados SHU y HA, sobre los que se trabaja activamente, la etapa RI debe ocurrir de manera espontánea.

Leídos los kanji (caracteres) en orden consecutivo, el término Shuhari puede ser interpretado como un proceso lineal de maduración, del mismo modo que el desarrollo natural de los seres vivos: el paso del huevo al pájaro, de la oruga a la mariposa y del niño al adulto. Estos son símiles familiares que resumen la narrativa clásica del Ciclo de la Vida:
- Ser criado de forma cuidadosa (y más o menos estricta) por padres, familiares y otras figuras de referencia en un entorno seguro.
- Adquirir habilidades y conciencia propia al tiempo que se desarrolla el carácter personal, rompiendo los limites previos y explorando el potencial individual.
- Abandonar el hogar para ganar independencia y entrar en el Mundo como un adulto instruido, plenamente desarrollado en sus aptitudes físicas y psicológicas.
Pero por más que el principio de Shuhari siga un esquema universal y natural, nada garantiza que un estudiante se convierta eventualmente en un maestro. Por ese motivo, la tutela debe ser intensa, controlada por el instructor y otras figuras de referencia, que tienen la responsabilidad de marcar el ritmo, los contenidos y el grado de libertad de los estudiantes. Es un proceso infinito, continuo y circular, en el que lo nuevo y antiguo se sucede y revitaliza. Es una cadena de experiencias que pasa de una generación a otra.
Shuhari no es solo una expresión bella y sintética para describir el proceso de aprender y crecer dentro de una sociedad como es el dojo. Es también un conjunto específico de normas didácticas sobre cómo alcanzar un ideal de madurez, tanto para aprendices como para profesores. Una guía dada para recorrer un camino (道, michi, do), que refleja un microcosmos cultural muy concreto, histórica y geográficamente.
No es simplemente dejar crecer, es cultivar. Es abonar la tierra y recortar las ramas dispersas, es perfilar una silueta hermosa explotando el desarrollo único y natural del individuo. Es disponer las condiciones correctas para que un pequeño brote silvestre, con todo su potencial, crezca por si mismo, fuerte y de manera natural, en una dirección determinada.
Shuhari es el camino del Bonsai. Esto es, proveer del correcto acompañamiento para elevar una vida al estado de arte.


